EL FILTRO DIGITAL Y LA ILUSIÓN DE LA CONEXIÓN GENUINA:
Todos buscamos conectar. Es una necesidad humana fundamental que nos lleva a entendernos y a sentirnos entendidos. Esta capacidad se apoya en un «cableado» especial en nuestro cerebro que nos permite «sentir con» los demás: la base de la empatía.
Pero, ¿qué sucede cuando la herramienta que usamos para comunicarnos nos engaña, haciéndonos creer que hay conexión donde solo hay un intercambio superficial?
LA TRAMPA SUTIL DE LA EXPRESIÓN CONTROLADA:
La comunicación presencial es rica. Cada mirada, tono de voz y gesto le da a nuestro cerebro una avalancha de información que genera una respuesta física inmediata en el otro, un «nudo en el estómago» o una «presión en el pecho» que nos permite sentir de verdad. Internet, en cambio, es un entorno que filtra la mayoría de esas señales, priorizando la información y la eficiencia.
Aquí es donde entran los emojis. Surgen como un intento de recuperar la emoción perdida, pero son solo atajos visuales.
•El mensaje incompleto: Usar emojis es una forma de expresión controlada y pensada, no espontánea. El mensaje es más racional que emocional, y por lo tanto, incompleto.
•Hambre de señales: Nuestro cerebro, diseñado para la riqueza, se queda «hambriento» de señales reales. No capta los matices, no siente la complejidad de una emoción reducida a un simple ícono.
•Déficit de empatía: El resultado es una comprensión superficial. Entendemos la lógica, pero no logramos esa resonancia interna que nos permite «sentir con» el otro de verdad.
EL RIESGO DEL MALESTAR Y LOS MALENTENDIDOS:
La falta de ese sentimiento que se da en el entorno digital, no se percibe siempre como un vacío, sino que a menudo se disfraza de malentendidos y una sensación de que las cosas no terminan de encajar.
Esto es especialmente relevante para la Generación Z y los adultos jóvenes, que toman la vivencia de los vínculos en el ámbito digital de una forma más natural que otras generaciones.
Para ellos, es posible que no haya una conciencia clara de la falta de conexión, sino que el malestar se manifieste de forma más sutil. Existe la posibilidad de experimentar por ello, un creciente malestar o una sensación de que las relaciones no son tan profundas como podrían ser.
Esto puede generar cierta ansiedad y la sensación de que las conexiones que creemos tener no nutren nuestra necesidad de un vínculo auténtico.

