Se acerca fin de año y vuelve esa frase mítica: «El lunes empiezo la dieta». Pero esta frase esconde un guion que se repite: un drama con un primer acto de intenciones y un desenlace de frustración. El problema no es la dieta, es la vida misma, un sistema complejo que nos define física y emocionalmente. Ignorar esto es la receta para el fracaso. Este artículo es un espejo; te invitamos a mirarte en él y decidir si reescribís el guion.
ACTO I: EL GUIÓN AUTOMÁTICO Y LA PÉRDIDA DE EQUILIBRIO
La palabra «dieta» proviene del griego Dayta, que significa «régimen de vida». Esto sugiere que no se trata de una restricción temporal, sino de un estilo de vida integral. Desde que nacemos, la alimentación se inscribe en nuestra historia como el primer acto de la película de nuestra vida. La nutrición no es solo una necesidad biológica (el instinto de conservación); es un vínculo con el afecto, la seguridad material y social. Es un sistema donde interactúan el cuerpo, las emociones y los demás, buscando un constante equilibrio.
Nuestra relación con la comida se moldea desde el «seno materno», el primer modelo de satisfacción y seguridad. Aquí se forman nuestros esquemas mentales y formas de relacionarnos. Por un lado, integramos la «autoridad asimilada» (nuestro padre interno que dicta las normas); por otro, integramos a nuestra voz interna de cuidado, esa parte de nosotros que atiende el afecto y la nutrición.
El guion se desregula cuando estas figuras internas son inmaduras. El padre puede ser rígido (dictador de las normas) o negligente (falta de normas). Esa voz interna de cuidado puede ser sobreprotectora (tapar emociones con comida, exceso de placer) o negligente (ignorar necesidades reales). Los sesgos cognitivos, como «solo por hoy», son los diálogos automáticos de ese guion disfuncional que rompen el equilibrio.
ACTO II: EL DESARROLLO DE LA TRAMA Y LOS CONFLICTOS INTERNOS
En este acto, el protagonista (nosotros mismos) se encuentra inmerso en la trama social y familiar, el escenario donde se desarrollan gran parte de los conflictos. La comida no es solo combustible; es parte del guion, un elemento cargado de significado en los rituales que definen la pertenencia, el placer y la vitalidad. Privarse del placer de comer es como quitarle el color a una película.
A lo largo de la historia, hemos visto cómo las culturas y religiones han utilizado la comida para marcar momentos importantes, desde el ayuno ritual hasta las grandes celebraciones. Las recetas familiares, las comidas festivas con sus tradiciones arraigadas, son guiones culturales potentes que nos ofrecen una sensación de seguridad y conexión.
Sin embargo, dentro de estos sistemas y guiones, a menudo proyectamos nuestros propios desafíos y puntos ciegos. Es común que, al igual que un actor puede depender demasiado de las indicaciones del director, cedamos el papel protagónico de nuestra salud a otros.
Aquí es donde se rompe el equilibrio entre el placer y el cuidado y la razón y la estructura.
Se aceptan las reglas externas de la dieta (la estructura superficial) sin tomar la responsabilidad de la propia trama (el sentir interno, el placer de vivir). La persona busca, de forma natural, que una figura de apoyo le guíe, pero el punto clave es encontrar un balance: aprovechar la guía del profesional (el guion estructurado) sin evadir nuestra responsabilidad personal de escuchar lo que nuestro propio cuerpo y corazón nos están diciendo.
La incomodidad física o el «nudo en el estómago» puede interpretarse como una señal del director (nuestro propio cuerpo) fuera de campo, indicando que un sistema (el trabajo, una relación, un entorno social) ha roto el equilibrio interno, ese delicado balance del organismo.
En lugar de abordar la causa de este desequilibrio, a menudo buscamos compensar en la alimentación. La persona busca recuperar un fugaz equilibrio a través de la comida, pero este es artificial y temporal.
La trama de la película, en realidad, nos pide un giro urgente: restaurar el equilibrio original. Esto implica entender que el problema no es solo la comida, sino la totalidad de la persona y su ambiente, un sistema interconectado donde un cambio en una parte (emociones desreguladas) afecta al todo (hábitos alimenticios). La solución no está en el menú, sino en la trama completa de la vida del protagonista.
ACTO III: EL DESENLACE Y LA REESCRITURA DEL GUIÓN PARA EL 2026
La solución no es una dieta milagro, sino tomar la silla del director y reescribir el guion. El objetivo debe ser entendido como un propósito interno, no impuesto.
Tu propósito para 2026 debe ser tu «recompensa final» (la salud, la energía, el bienestar), esa meta trascendente que da sentido al viaje. La dieta es solo el guion que seguís para lograr esa meta (adelgazar, ganar músculo, bajar el colesterol).
Para lograrlo, necesitás integrar la sabiduría de tu voz interna de cuidado, esa parte tuya que conecta con tu reloj interno y tus necesidades reales. Esto lo lográs escuchando tu percepción consciente del momento presente, que te ancla al «aquí y ahora» del cuerpo, y tu valoración personal, que decide si algo es realmente «bueno» para vos.
El conocimiento médico o nutricional (la razón y la estructura) debe ser integrado en tu vida, no solo aprendido superficialmente. No se trata de actuar como tu propio médico, sino de empoderarte a través de la comprensión de lo que el profesional te transmite. Esta autoridad interiorizada es la que te permite ser flexible y evitar los miedos y mitos, porque ya no dependes ciegamente de las reglas externas. El guion (la dieta) debe ser:
•Coherente: Alineado con tu propósito real y tu sentir interno.
•Flexible: Adaptable a la realidad, no un mandato rígido.
El aprendizaje real, el cambio profundo, ocurre cuando aplicás esa información en libertad y creás un hábito.
Tu guion requiere:
•Objetivos Claros: Definí tu propósito real para 2026.
•Planificación Realista: Un plan estructurado que use el pensamiento estratégico e integre lo que te dice tu cuerpo con la lógica del plan.
•Hábito y Responsabilidad: El freno de mano consciente que te permite decidir si un acto se alinea con tu propósito, usando los esquemas mentales correctos que aprendiste y validaste con tu sentir interno.
Asume la responsabilidad de tu sistema. Tomá el control de tu alimentación, entendé tu propósito y reescribí el guion de tu vida.
Hoy es un gran día para empezar el primer acto de tu película. En psicologas.uy te acompañamos para encontrar el equilibrio y la sensatez que necesitás.

