¿Sentís a veces una molestia, un nudo en el estómago o un «ruido» interno cuando se acerca la Navidad? Esa sensación de que, a pesar de los regalos y los adornos, algo no termina de encajar es tu brújula interna avisándote de un desafío. La Navidad suele poner bajo lupa las tensiones de los adultos, y cuando hay una separación, el mayor riesgo es que los hijos queden atrapados en medio de una guerra silenciosa que no les pertenece.
EL PESO DE QUERER QUEDAR BIEN CON LOS DOS
Para un niño, sus padres son su equipo básico. Cuando la pareja se separa, ese equipo cambia, pero el niño sigue necesitando que ambos lados funcionen con respeto. El problema más común es la «doble lealtad»: ese sentimiento de culpa donde el niño siente que, si la pasa bien con mamá, está traicionando a papá (o al revés).
Esto lo obliga a usar «máscaras» diferentes en cada casa para no herir a nadie. Para liberarlo de esa carga, tu hijo necesita escuchar —y ver en tus gestos— que tiene permiso total para amar y disfrutar con ambos. Tu generosidad es su libertad.
APRENDER A NOMBRAR LAS EMOCIONES ENCONTRADAS
En estas fechas es normal que los niños sientan dos cosas opuestas al mismo tiempo. Pueden estar saltando de alegría por un regalo y, al minuto siguiente, llorar porque extrañan la casa del otro.
Como adultos, debemos ayudarlos a entender que eso está bien. Podés decirles: «Es normal que estés muy contento por el árbol y que también sientas un poquito de tristeza porque hoy no ves a mamá/papá. Las dos cosas pueden estar juntas en el corazón».
Al validar que se pueden sentir cosas distintas a la vez, le enseñás que no tiene que elegir una sola emoción para dejarte contento a vos.
TU ROL COMO GUÍA: QUÉ DECIR Y QUÉ EVITAR
Los padres son los encargados de marcar el camino. Sin embargo, en medio de los conflictos, ese camino se llena de obstáculos:
•Conflictos de agenda: Cuando los padres pelean por los horarios de forma rígida, el niño se paraliza. La logística debe estar al servicio de su tranquilidad, no de tus ganas de ganar una discusión.
•Roles invertidos: No dejes que tu hijo cargue con tus problemas. No es su tarea alegrarte porque estás solo, ni es su función escucharte hablar mal del otro. Tu hijo necesita que vos seas el adulto que lo sostiene.
GUÍA PRÁCTICA: LO QUE AYUDA Y LO QUE LASTIMA
Para cuidar su bienestar, es fundamental pensar antes de hablar:
•EVITÁ decir: «Decile a tu padre que se acuerde de traerte la ropa», o «Seguro que allá no te regalan lo que yo». No lo uses como mensajero ni como espía.
•ANIMATE a decir: «Me encanta que vayas a pasar tan lindo con papá/mamá», «Te voy a extrañar, pero estoy muy feliz de que disfrutes con tu otra familia».
•Buscá rutinas similares: Intentá que, aunque cambie de casa, haya normas básicas parecidas en las dos (horarios de sueño, límites, tiempo de pantallas). Eso le da al niño la seguridad que necesita para no vivir angustiado.
SOSTENER LA TRISTEZA SIN TAPARLA CON REGALOS
A veces, para no verlos sufrir, intentamos tapar su tristeza con distracciones o montones de juguetes. Pero la tristeza es parte de su realidad y necesitan que alguien se las acepte. No intentes borrar su pena; simplemente acompañala. Un abrazo largo o un «Entiendo que hoy sea un día difícil, acá estoy para vos» vale mucho más que cualquier regalo caro.
Al crear tradiciones nuevas, sencillas y libres de peleas, le estás enseñando a tu hijo que el amor es flexible. El mejor regalo de Navidad que podés darle es ser un padre o una madre que se hace cargo de su propia paz para poder ser su guía segura.
Hoy es un gran día para superarte a ti mismo.
Si sentís que necesitás herramientas para manejar el estrés de estas fechas y proteger el bienestar de tus hijos, en psicologas.uy estamos para acompañarte a encontrar ese equilibrio. Contáctanos sin compromiso.

