¿Sentís a veces una molestia, un nudo en el estómago, un «ruido» interno, una sensación de que lo que ves en tu celular no es del todo real? ¿Dudás si las cosas son tan extremas, blancas o negras, como te las pintan? Esa persistente sensación de que «algo no cierra» es tu brújula interna avisándote. No es casualidad. Los algoritmos de las redes te muestran contenido «relevante para vos». Pero al hacerlo, están alimentando nuestros propios prejuicios ocultos.
EL ESPEJO DIGITAL Y LA CARA QUE MOSTRAMOS:
Todos tenemos un «lado B» o una «sombra»: miedos, inseguridades, cosas que preferimos no ver. Lo formamos de chicos, con lo que aprendimos que estaba «mal». Para que nos acepten, escondemos esa parte vulnerable tras una Persona, la máscara social que construimos. Una persona sana es flexible con su máscara, pero en internet, los algoritmos refuerzan un solo lado, alimentando nuestros atajos mentales: formas rápidas de pensar que usamos en «piloto automático».
Estos atajos son potentes. El de «confirmar lo que ya pienso» te protege de información que te contradice, cuidando tu vulnerabilidad. Este mecanismo es la raíz del malestar: el «piloto automático» te da la seguridad de tener la razón, pero te cobra un precio: la incoherencia y las consecuencias dolorosas de tus actos, que hacen daño al otro y a ti mismo, y a menudo no ves porque actúas desde la inconsciencia.
LO QUE IGNORAMOS JUNTO, EN EL LABERINTO DIGITAL:
El problema va más allá de lo personal. Hay una «parte B» de la sociedad: los miedos y prejuicios que, como grupo, preferimos ignorar. Son patrones que todos compartimos sin darnos cuenta.
En internet, esos miedos se amplifican. Cuando no reconocemos nuestra propia sombra (nuestra capacidad de hacer daño por inconsciencia), la vemos en los demás: ellos son el problema, ellos son los ignorantes, ellos son los malos.
Los algoritmos son el combustible. Optimizan la creación de «grupos digitales» o «cámaras de eco», lugares donde los prejuicios se refuerzan.
A diferencia de una muchedumbre tradicional, que eran encuentros físicos temporales, la conexión digital es permanente, y los picos emocionales rompen tu equilibrio una y otra vez.
•La dinámica: Tus dedos teclean los pasos en la confusión del laberinto. Una pantalla lleva a la otra. Tienes que detenerte para sentir la sensación de estar perdido, desorientado, buscando una seguridad en piloto automático que nadie da. Es como tirarse a nadar en una piscina sin agua. El enojo que sentís por el «otro» es una forma de liberar la tensión interna de esa incoherencia, esa desconexión del cuerpo. El impulso del enojo lleva tu mano a escribir un comentario hiriente sin evaluar el daño real que puede causar. Luego, te distraés con los likes o te enojás más con los comentarios negativos, pero no te detenés a entender las consecuencias completas de tu acto.
El líder y el «enemigo» son personajes universales que se activan, dándole una forma externa a ese malestar sin resolverlo. La interacción emocional no busca el diálogo real, busca tapar el miedo al rechazo. Es una conexión vacía, sin un pensamiento crítico real.
EL DESAFÍO DE PENSAR POR UNO MISMO EN EL LABERINTO:
Esto es clave para los jóvenes que están definiendo quiénes son. Corren el riesgo de volverse adictos al aplauso superficial y sostener una máscara poco flexible. Pero el problema no es exclusivo de ellos: a cualquier edad, la falta de flexibilidad digital genera malestar y sensación de incoherencia.
Darnos cuenta de esto requiere activar la deliberación, la posibilidad de pensar diferente y la valentía de equivocarse. Para crecer, necesitamos errar. La seguridad de la «tribu digital» es una seudo seguridad, te evade de la responsabilidad de crecer con tus propios errores.
EL CAMINO HACIA UNA MENTE MÁS DESPIERTA:
El objetivo no es culpar a internet, sino entender el laberinto digital para usarlo con conciencia. Tu brújula interna es el hilo de Ariadna, tu guía para encontrar la salida.
¿De qué material es el hilo?
No es de algodón, es un hilo psíquico, hecho de atención plena y de la capacidad de pensar sobre tu propio pensamiento. Es ligero, pero increíblemente fuerte si lo sostienes.
¿Cómo es la sensación de quedarse enredado?
Es el malestar crónico, la ansiedad, el estrés. El hilo se enreda en el desequilibrio de no darte cuenta de lo que realmente está pasando. Sentís la molestia, el ruido, pero no lográs conectar esa sensación con tus acciones o con el contexto. No es que no tengas un hilo, es que no te das cuenta de que está enredado.
Tres pasos para encontrar tu hilo de Ariadna y ser más auténtico:
1.Recuperá tu hilo: Observá la incoherencia: Identificá esa molestia. Ese es el principio del hilo. Te ayuda a salir del automático y recuperar la flexibilidad perdida.
2.Seguí el hilo: Buscá significados profundos (y pensá con calma): La tribu digital te da la razón, pero te hace trampa. Para crecer, el conflicto es necesario. Buscá compañeros de camino que te respeten en la diferencia. Tomate un momento para pensar con calma (activar la reflexión), en lugar de reaccionar impulsivamente (operar en automático).
3.Desenredá el hilo: Abrazá tu responsabilidad y sé auténtico (Conexión Real): Empezá a tomar decisiones que te acerquen a quien sos de verdad. Esto requiere ser valiente y buscar conexiones reales con personas que te «sostengan» emocionalmente, no solo un aplauso superficial. Así construís tu propia autoridad legítima, una guía interna sana que te permite vivir de forma más coherente.
CONSEJOS PARA PADRES Y CUIDADORES:
Hablen con sus hijos adolescentes y adultos jóvenes sobre estas ideas. Ayúdenlos a entender que lo que ven no es la realidad completa. Fomenten el pensamiento crítico y el diálogo, y denles una base segura en casa que funcione como esa autoridad legítima interna. Modelen esa guía sana para que puedan explorar el mundo real y digital con confianza.
Hoy es un gran día para superarte a vos mismo.
Si sentís que las redes sociales te generan ansiedad, te cuesta ver otros puntos de vista o querés trabajar tus propios patrones, en psicologas.uy estamos para acompañarte en este proceso y ayudarte a encontrar tu equilibrio. Hablanos sin compromiso.

